Hay cosas en tu interior que necesitas sacar tarde o temprano. Después de 15 años siento una terrible necesidad de sacar esto de mí. Tengo miedo de perderte. Las cosas han ido mal desde que tengo uso de razón, he creído perderte unas cuatro veces y ya no aguanto más. No suelo decírtelo, pero te quiero. Has sido y serás un pilar fundamental en mi vida. Me ayudaste a cumplir uno de mis sueños y siempre me has apoyado. No importaba cuanto dolor sintieses, siempre tenías una buena cara para mí. Pero me acuerdo de aquel día en el que te vi y pensé que te habías ido. Juro que tuve ganas de irme contigo. Te he visto más allá que aquí, has tenido un hospital como segundo hogar y temo a las ambulancias por si tu vas en ellas. Quiero convencerme de que yo no tengo nada que ver en esto, que las cosas han venido así y que hubieran venido igual si yo no hubiera nacido. Pero es inevitable sentirme culpable cuando mientras yo aparecía en el mundo, tú estabas en una camilla de hospital y desde entonces todo ha seguido igual.
Me gustaría que supieses algo, aunque nunca vayas a leer esto, todo lo que soy te lo debo a ti. Siempre has sido mis ganas de luchar y seguir adelante, mi motivo por sonreír. Siempre lo vas a ser. Pero tengo miedo de perderte y escuchar cosas como "si es que cualquier día subo y me lo encuentro..." me hunden. Prohíbo esas palabras, te dejo que no le temas a la muerte, pero no te dejo que la esperes. No quiero que la esperes más, por mucho que te dieran una garantía de cinco años, aquí estas quince más tarde. No quiero ver como te consumes, como no puedo hacer nada, no puedo ver como te falta la respiración, como conforme los días pasan te cuesta más. Me niego a que te des por vencido. Si te falta aire, yo te lo doy, Si te faltan fuerzas, yo te las doy. Hago todo lo posible por tenerte a mi lado mucho más tiempo.
Sigue aquí, papá. No voy a dejarte, no me dejes.
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