Siempre fue mucho más fácil. Te sentía más cerca, me mirabas
más profundo. Siempre me fue mucho más fácil decirte que te quiero que callármelo,
pero a veces sobran las palabras. Y las personas también. Sé que sería mucho
más fácil si me fuera, si te dejara, si todo esto acabara. Sé que por mucho que
grite tu nombre, no me escuchas. Sé que por mucho que te quiera, para ti nunca
será suficiente. Algún día te perdonare
que me hayas enamorado como si después de ti no hubiera nada, nadie. Aunque en
el fondo es cierto, después de ti no me queda nada, solo millones de personas
que no te llegan ni a la suela de los zapatos. Porque después de ti se me acaba
el mundo. Pero bueno, que da lo mismo. Todo lo que te escribo, todo lo que te
digo, son palabras que se esfuman en un abrir y cerrar de ojos. Y admito que
eso es lo que más me duele. Saber que lo más bonito que he sentido, que lo más
bonito que tengo para darle a alguien, me lo tengo que guardar porque he
llegado demasiado tarde a tu vida.
No es justo. Ojalá pudiera haber llegado antes, pero nadie
decide estas cosas. Y no quiero dejar pasar lo que siento, no quiero quedarme
quieta mirando como pasas por mi lado. Porque eso sería dejar de ser yo. No
puedo mirarte, como si no hubiera nada. No puedo escucharte pronunciar mi nombre
como si no se me parara el mundo cada vez que me llamas. No puedo coger tu mano
como si no se me erizara toda mi piel. No puedo mirarte a los ojos como si no
tuviera unas ganas terribles de comerte la boca. Perdón, quería decir de
besarte.
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