Preguntaste: ”¿Me quieres?’’, a lo que confesé: “Más que a
mi vida”. No hace falta que diga cual fue tu reacción, porque fue como siempre,
ninguna. Más que a mi vida. Eso es mucho, pero nunca suficiente para ti.
Querer a alguien más
que a tu vida es dejar de vivir por ti.
Vivir por él, reír por él, llorar por él, hablar por él, hacer por él.
Es dejar de ser tú, porque sin él no puedes ser. ¿Es bueno o es malo? Y yo que sé,
supongo que como todo, tiene su parte buena y su parte mala. El amor nunca es suficiente, nunca sobra,
pero siempre falta. Lo que pasa es que no puedes dejar que tu vida dependa de
alguien, porque si esto ocurre, dejas de vivir. Y no puedes dejar de vivir, por
nada del mundo.
Lo gracioso de todo esto es que yo no me lo aplicó. Estás
tan dentro de mí, que… Que no tengo excusa. Que me he cansado de fingir. Que no
ser suficiente para a ti me ahoga. Que lo he intentado de todas las formas
posibles, he intentado que me miraras de otra forma, pero tranquilo que ya sé
que esto es imposible. Que tengo muy claro que yo no soy nada para ti. Pero te
echo de menos y solo quiero que sepas que si algún día todas las palabras que
te escribo dejan de estar perdidas, si un día las encuentras. Solo te pido que
vuelvas, porque te estaré esperando. Siempre te voy a esperar, porque lo que
siento cuando clavo mis pupilas en las tuyas, no lo siento con nadie más.
Porque contigo los abrazos paran el tiempo. Porque solo cuando tú me coges de
la mano tiemblo. Porque solo contigo, porque solo tú.
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