Me he aprendido de memoria tu labios, pues son el camino que
quiero recorrer durante el resto de mis días. Me los sé de memoria, pero aun
así estaría dispuesta a perderme en ellos una y otra vez. Hablando de pérdidas,
búscame. Debo de estar por algún recoveco de tus ojos, allá por el brillo de
tus pupilas. Encuéntrame y abrázame. Cógeme la mano, como aquel día,
¿recuerdas? Estaba temblando y cogiste mi mano, apretaste fuerte y… Todo lo
demás no lo recuerdo bien, solo sé que ahí descubrí que es cierto lo que dicen
de que la felicidad se mide en momentos, porque en ese momento fui feliz. Y
luego, aquel día que apoye mi cabeza en tu pecho, sin saber muy bien que hacer
y acariciaste mi espalda. Y el día ese que te miré a los ojos y permanecí en
silencio durante unos segundos eternos, en los que tú me miraste fijamente y sonreíste,
ese silencio que se rompió cuando te dije con toda la seguridad del mundo: “Te
quiero”. Y todos los otros pequeños momentos que hemos tenido juntos, todas
aquellas veces que hemos compartido nuestra vida, todos esos días en los que
hemos estado juntos. Todas esas veces que he sido feliz. Si es que, toda mi felicidad se
resume en ti.
Y tú… me confundes, ¿sabes? Hay días que pienso que te gusta
que te quiera, que te gusta la forma en la que te miro o que te gusta que se me
corte la respiración cuando te acercas. Luego, hay días que siento que estás
cansado de mí, que quieres que te deje en paz. Pero no pasa nada, pensándolo bien,
¿cuál sería nuestro futuro? Tú que la tienes a ella, yo que ni siquiera me
tengo a mi. Es inútil demostrarte que te quiero o decírtelo, lo sé de sobra,
pero necesito que te des cuenta de que sin ti yo me pierdo. ¿Por qué? Porque me
llevas a un mundo en el que la palabra miedo es solo una palabra más, entonces
me olvido todo. Porque no se trata de que hagas desaparecer todo lo que apaga
mi vida, es que tú haces que eso también brille. Entonces mi vida la haces
mucho más bonita. Tanto que entonces puedo decir, que entonces sé, que la
felicidad existe. Que la felicidad se esconde detrás de los ojos marrones más
bonitos del mundo.
No sé si recuerdas, todo aquello que no puedo olvidar. Ojalá que sí.
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