sábado, 20 de septiembre de 2014

Vuelve una última vez.

- Tienes que entenderme.
- ¿Y te crees que no lo hago? ¿Te crees que no sé cómo están las cosas?
- Si lo entendieses, habrías respetado lo que te dije.
- Que lo entienda  no quiere decir que deje de sentir.
- Ya lo sé, pero…
- ¿Sabes que es lo que pasa? Que el que tendría que entender eres tú. Tendrías que entender como me  siento cada vez que me dejas con la palabra en la boca, como me siento cada vez que hablas de lo  feliz que te hace ella.- le corté.
- Pero, ya sabes lo que hay. – me contestó apartando la mirada.
- ¿Qué ya sé lo que hay? Eres un cobarde dije empujándolo.– un cobarde...
- Por favor, no me hagas esto.– dijo agarrándome los brazos, para separarme.

Y le besé, con toda la rabia y amor del mundo. Y le dejé claro que le quería más que a nadie, sin importarme nada. Le besé con lágrimas en los ojos, quería que se diera cuenta de que para mi él lo era todo. Solo quería quererle y quería que lo supiera. Pero el me apartó, suspiró y se fue. 
Roto. Todo roto otra vez. ¿Cuánto tiempo seguiremos así? Es como si cada vez que las cosas van mejor, buscamos cualquier pequeña excusa para empeorarlo todo. Porque ya no sabemos lo que es mejor, si hacer lo que sentimos en cada momento o si contenernos y no decir palabra alguna cada vez que estamos juntos.
Vuelve una última vez. Vamos a hacer las cosas bien.

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