Hace tiempo que no te escribo, pero te pienso todos los
días. Aunque lo cierto es que no sé llevarlo y creo que nunca voy a poder.
Cuando te pienso demasiado duele muchísimo, como el primer día. Porque de
repente todo se derrumbó, una bomba estalló en mi interior. Todo se fue. El
sueño de volver a tenerte se esfumó, y si se esfuma un sueño…
Como me gustaría compartir la respiración contigo y traerte
de vuelta. Un vacío lleno de recuerdos me ayuda, pero que injusta es la vida y
como te necesito. No voy a decir que lloro cada noche, porque no es cierto.
Solo lloro cuando pienso mucho y siento que todo es una mierda, cuando recuerdo
los momentos vividos contigo, también. Y hoy he soñado contigo y he sentido que
te echo mucho más de menos que lo que creía.
Hay tantas cosas que me gustaría decirte, que nunca te dije.
Y es que hay personas que te sacan una sonrisa solo con respirar y tú eras una
de ellas, pero lo mejor de todo, es que sacabas sonrisas a todo el mundo y eso
sí que no lo hace cualquiera. Eras tan sencillo que te hacías querer muchísimo.
Cuando salgo a mirar las estrellas, siempre hay una que brilla más que todas
las demás y pienso que eres tú. Porque brilla tanto como lo hacia tu sonrisa,
entonces le sonrío y cierro los ojos fuerte para verte, a veces se me escapa un
te quiero, otras lo digo para mis adentros. Porque aunque el telón de tu obra esté
cerrado, a veces me asomo para recordar tu olor y tu voz.
Siempre vas a estar en mí, pequeño teatrer.
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