El pasillo olía a café y como casi siempre, me acordé de ti.
Y me volví a plantear ciertas cosas. Sobre ti, digo. Sí, me pregunté que como
era posible callarse cuando había tanto que decir. Así que decidí intentarlo.
Intentar hacer como tú, como que no pasa nada cuando en realidad pasa todo. Pero
no sé hacerlo sin romperme. Y sé porque. Porque a ti no se te para el mundo cada vez que te
miro a los ojos. siempre dices que si
tengo algo que decir que te lo diga, entonces luego me he preguntado si es que
tú no tienes nada que decirme. Y a lo largo de la tarde, pensando en esto
último, he caído en la cuenta de que probablemente no. Por la misma razón que
antes. Al fin y al cabo todo es por lo mismo, el verbo querer y poder no es
posible cuando se trata de dos personas, que no están de acuerdo. Una tan ‘’te
quiero’’ y otra tan ‘’deja de quererme’’.
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