Estaba mirando el mar, estaba tranquilo, tenía sus tres tonalidades, hacia algo de viento. Yo me perdí en el horizonte, en esa pequeña linea que divide el mar del cielo. Viniste por
detrás y te sentaste a mí lado:
- Está bonito el mar, ¿eh?
- Sí, bastante bonito.
- ¿En qué piensas?
- Va a ser difícil cuando esto acabe.
- No pienses en eso ahora.
- Ya, pero no puedo evitarlo. ¿No te da pena?
- Sí, pero ya estoy acostumbrado.
- No creo que puedas acostumbrarte a no
verme cada día, a no estar presente en mis viajes astrales, no creo que puedas
estar sin mí.
- Es cierto.
- ¿El qué?
- Lo que has dicho.
- ¿Qué he dicho?
- Que no voy a poder vivir sin ti.
Pero lo cierto es que el mar no estaba tan
bonito, pero lo parecía porque estabas conmigo. Y tú haces todo más bonito.
Tenerte cerca es como tener una dosis de felicidad, como volver a vivir. Éramos
niños, olvidándonos de todo, disfrutando cada momento. Sin privarnos del
pequeño privilegio de mirarnos sin miedo, de mirarnos sin apartar la vista. Sin
privarme de quererte, sin privarte de dejar quererte.
Me ha gustado tanto, no podría expresar lo que sentí al leerlo. Sigue escribiendo.
ResponderEliminarTambién tengo un blog, por si gustas leerlo: mi-sombra-de-luna.blogspot.com