Veo dibujado en el cielo un corazón y, de repente, tu nombre en mi cabeza. Llámalo casualidad, llámalo destino, llámalo como quieras, pero llámalo. Porque las cosas son como son y todo cambia de repente, como nosotros. Pasamos de ser todo a ser nada, de ser nada a ser todo, como si fuesemos una montaña rusa. Seguramente lo seamos, si no no sabria explicar la adrenalina de mi cuerpo.
- ¿Sabes? Contigo todo me resulta distinto, mejor.
No respondes, me medio ignoras y sonríes. Sé que pensarás que estoy loca, no lo niego, pero eres tú la causa.
- Eres como una moneda de doble cara.
- ¿Cómo?
- Cuando tienes una moneda de doble cara, tienes que jugarte todo a cara, entonces nada puede salir mal.
- ¿Y yo soy como una de esas?
- Sí porque contigo nada va mal, me la juego todo a ti y no hay ninguna forma de que algo vaya mal.
Otro silencio, como siempre que alguien dice demasiado.
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