domingo, 6 de septiembre de 2015

Que vivir, no solo es respirar.

Todo esto es una puta mierda. No hay dos palabras más acordes a este desastre. Que cuando piensas que ya tienes suficiente, ¡PUM! La vida se estampa en tu cara y te quedas con la cara de gilipollas más grande del mundo. Y te da asco estar y ser. Y te preguntas por qué. Porque llaman a esto vida, cuando es una puta mierda. A vece te preguntas dónde está el límite, pero no lo encuentras porque no lo hay. Porque no importa lo jodida que estés, puedes estarlo más. Puedes explotar, puedes romperte un millón de veces; que lo malo nunca se acaba. Que lo que duele nunca deja de hacerlo. Y es una puta mierda. Es una puta mierda que te tragues todo, que no puedas hacer nada, que te tiemble el cuerpo, que no derrames ni una sola lágrima, que tengas que calmarte. Porque por dentro estas hasta los huevos, porque ya no puedes más. Porque no. Es que ni siquiera puedes echarle la culpa a alguien y desahogarte, porque nadie tiene la culpa. Las cosas vienen o rectas o torcidas y, joder, últimamente solo vienen de estas últimas. Porque no hay nada que lo arregle, no hay nada que me haga olvidar que esto es cosa de dos días, porque sé que esto es para toda la vida. Y yo siempre he sido una cobarde como para quedarme donde las cosas no me gustan, donde me falta el aire y me tiembla el cuerpo. Porque yo hace un tiempo que lo único que quiero es huir. Lejos. Lejos. Lejos. Olvidarme de todo y poder hacerlo, poder respirar como hace tiempo que no lo hago. 

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