viernes, 18 de septiembre de 2015

Permaneces inmovil en mí.

Me encuentro a 34 kilómetros de distancia de donde tú estés. Una distancia constante de la que no me deshago por más que avance. Una distancia que te sirve de excusa para no quererme. No es la única excusa: tengo el vicio malo de decir lo que siento cuando lo siento, me río demasiado cuando estoy muy jodida, soy muy pesada cuando alguien que me importa está raro, me refugio en palabras que se pierden en mensajes de madrugada, no sé cuando parar, no tengo freno de mano y suelo estamparme, me pierdo en tus pupilas y me encuentro en tus brazos, grito cuando algo me saca de quicio, cuando estoy realmente enfadada suelto todo lo que me viene a la mente, me descontrolo. Excepto cuando estás cerca. Hasta hoy, eres el único que me ha ayudado a controlarme, a no ver todo negro, aunque a veces me olvide de esto. Llegas y tan solo con tu presencia, me alivias. Pero que, lo cierto es que no hay excusas que escondan la realidad. No hay excusa lo suficientemente buena como para que no me quieras. Solo hay una realidad. No me quieres y tengo que aceptarlo. Y lo acepto.Es algo que tengo claro desde hace mucho tiempo.
Pero no te vas de mi,
sigues siendo tú.
Siempre a 34 kilómetros,
siempre tan lejos y, a la vez, tan cerca.

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