sábado, 2 de mayo de 2015

No puedo volver a imaginar mi vida sin tenerte a mi lado.

¿Vosotros tenéis imágenes? Me refiero a imágenes con esa persona. Cuando de repente, un día cualquiera, te viene a la cabeza algo que nunca pasó, pero te gustaría que pasara. Es como si realmente estuvieras soñando despierta. A mí me pasa. Tengo miles de imágenes con él. Nosotros en el último piso de la Torre Eiffel comiéndonos a besos. Yo en el balcón de nuestra casa y él agarrado a mi cintura besando mi cuello. Nosotros tumbados en la cama de un hotel haciéndonos cosquillas en la espalda. Él llevándome a comprar un helado en el chiringuito de esa playa, mancharle de nata, para después, limpiarle a besos. Él poniendo su mano en mi muslo cuando el semáforo está rojo y el frena el coche. Yo despertándome por el ruido de sus besos en mis mejillas.  

Y así podría seguir eternamente. Lo malo de esto, es que sé que nunca se va a hacer realidad. Que él y yo nunca vamos a compartir momentos solos, que él y yo nunca nada. Y la verdad, se me van las ganas de todo. Ya ni siquiera quiero que la gente lo entienda, solo quiero sentirle. Me da igual joderme, total, ya estoy demasiado rota como para que cualquier otro golpe pueda romperme más. Y él lo sabe, soy su chica de la sonrisa rota. La chica que pierde la voz, el culo y la vida, con tal de hacerle feliz.

A veces me pregunto hasta qué punto se puede llegar cuando realmente amas a alguien. Hasta qué punto voy a llegar. Por qué no lo dejo pasar ya, me doy por vencida. Pero es que lo he intentado muchísimas veces y tiene algo que hace que no pueda desengancharme. Tiene algo que me dice: “Venga, lucha un poco más”. Y claro, por 42 días, mejor luchar hasta el final, ¿no? Quien sabe a lo mejor, en sus más profundos sentimientos, tiene algo que tampoco le deja desengancharse de mí. Siempre de un modo distinto a mí, claro. No sé a lo mejor, se ha acostumbrado a tener a alguien que le quiera y no puede dejarme ir por eso. Aunque sería muy triste y entonces sí.

Volvería a romperme.
No quedaría nada de mí.

Me autoconsumiría.

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