viernes, 29 de mayo de 2015

Reírte de la vida aunque duela.

Tenemos que ser conscientes de que todo termina. Pero no nos equivoquemos. Que todo termine, que los finales duelan, por mucho que intentes convencerte de lo contrario, no implica que hayas de cerrarte. Mira, si algo he aprendido en esta vida es que hay dolores que vale la pena sentir. Hay momentos por los que vale la pena llorar, personas por las que vale la pena luchar, canciones por las que vale la pena callar, sueños por los que vale la pena dormir y ángeles por los que vale la pena rezar. Así que sí, muy probablemente lo que estés haciendo ahora, lo que tengas en este momento, va a desaparecer. Lo que quiero decirte es que todo esto se esfumará, al igual que tú, por lo que no le veo sentido a eso de privarse de ciertas cosas.

Que desde fuera es sencillo, que no soy yo la que siente el dolor. Pues ojalá fuera así. Llevo dos años con nuestra fecha de caducidad en la cabeza. No dejo de decir palabras para que no haya un silencio después de cada adiós. Sé lo que es perder a personas, perder sueños y perder la vida, aun cuando sigues respirando. Ese dolor, ese vacío que sientes dentro no vas a dejar de sentirlo. Es extraño, cuando algo se acaba tienes la sensación de que es para siempre; pero cuando algo empieza, sabes que se va a acabar. Si es que nos jodemos la vida nosotros solos y luego le echamos la culpa al que nos rompió el corazón, cuando este lo único que de verdad hizo fue hacernos felices.


Odio las despedidas, por eso las convierto en bienvenidas. Si algo se va, volverá pero de otra forma. Si no quieres que cambie, trabaja en ello. Pero no te prives de disfrutar, sé feliz mientras puedas. Llora todo lo que quieras, pero no te olvides de decirles a todas esas personas que están contigo que les quieres. Y por supuesto, no dejes de sentirlo. Nunca. Echa de menos, pues eso significará que fue importante, que valió la pena y que lo VIVISTE. 

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