Tenemos que ser conscientes de que todo termina. Pero no nos
equivoquemos. Que todo termine, que los finales duelan, por mucho que intentes
convencerte de lo contrario, no implica que hayas de cerrarte. Mira, si algo he
aprendido en esta vida es que hay dolores que vale la pena sentir. Hay momentos
por los que vale la pena llorar, personas por las que vale la pena luchar,
canciones por las que vale la pena callar, sueños por los que vale la pena
dormir y ángeles por los que vale la pena rezar. Así que sí, muy probablemente
lo que estés haciendo ahora, lo que tengas en este momento, va a desaparecer.
Lo que quiero decirte es que todo esto se esfumará, al igual que tú, por lo que
no le veo sentido a eso de privarse de ciertas cosas.
Que desde fuera es sencillo, que no soy yo la que siente el
dolor. Pues ojalá fuera así. Llevo dos años con nuestra fecha de caducidad en
la cabeza. No dejo de decir palabras para que no haya un silencio después de
cada adiós. Sé lo que es perder a personas, perder sueños y perder la vida, aun
cuando sigues respirando. Ese dolor, ese vacío que sientes dentro no vas a
dejar de sentirlo. Es extraño, cuando algo se acaba tienes la sensación de que
es para siempre; pero cuando algo empieza, sabes que se va a acabar. Si es que
nos jodemos la vida nosotros solos y luego le echamos la culpa al que nos
rompió el corazón, cuando este lo único que de verdad hizo fue hacernos
felices.
Odio las despedidas, por eso las convierto en bienvenidas.
Si algo se va, volverá pero de otra forma. Si no quieres que cambie, trabaja en
ello. Pero no te prives de disfrutar, sé feliz mientras puedas. Llora todo lo
que quieras, pero no te olvides de decirles a todas esas personas que están contigo
que les quieres. Y por supuesto, no dejes de sentirlo. Nunca. Echa de menos, pues eso significará que fue importante, que valió la pena y que lo VIVISTE.
No hay comentarios:
Publicar un comentario