lunes, 5 de diciembre de 2016

Perfectamente imperfectos.

Me ha parecido una curva perfecta la que han hecho tus labios cuando no había apenas un centímetro entre nosotros. No he podido evitarlo y me he lanzado sobre ellos, la perfección está para romperla. He sentido tus labios como si fueras agua del mar y yo la orilla, ha sido tan calido, tan suave. Ha sido tanto que de no haber sido, no podría estar ahora aquí. Hemos compartido oxígeno, acompasado latidos y nos hemos dado vida; ¿acaso hay algo más bonito que eso?

He acariciado tu pelo atrayéndote más hacía mí, mientras recorrías suavemente mis caderas con tus manos; he morido tu labio y has sonreido, mientras nuestro ojos se abrían a la vez para mirarnos, cómplices. Han jugado nuestras lenguas, se han encajado nuestras manos y cuando han chocado nuestros dientes, ha habido un estallido inmenso de felicidad entre nosotros, justo antes de la explosión final, esa que me ha dibujado una sonrisa crónica en mi rostro, has dicho eso que siempre he estado deseando, lo has dicho como si fuera cierto y me lo he creido:
- Andrea, te quiero.

Yo no he sabido hacer otra cosa más que besarte, desgastarte la piel a besos, desgastarte la vida a risas, desgastarnos y acabarnos, para volver a empezar siempre por el mismo sitio; el inicio del camino en nuestros labios y el final en nuestros latidos.

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