Ojalá pudiera decirte que no.
Todo sería diferente,
también raro.
Nada me impide negarte cualquier cosa,
excepto yo misma.
Vivo prisionera de mi corazón
que me encierra para no sacarte.
Porque él está completamente enamorado
de ti.
Me acuerdo de aquella vez,
cuando dije que sacarte de mi mente sería sencillo.
Mil cuatrocientos sesenta días después,
empiezo a creer que estaba confundida.
Empiezo a creer y creo.
Sigo sin saber por qué:
por qué te quiero, por qué no puedo olvidarte,
por qué tú, por qué yo.
Puede que la respuesta sea:
porque yo.
Yo, capaz de enamorarme de cada poro de tu piel.
Yo, que no entiendo como el mundo podría girar sin ti.
Yo que me dejé llevar por tus sonrisas.
Yo, que siempre me gustaron los imposibles.
Imposibles que rompen y desgarran,
el pecho, los ojos, las manos: todo.
Así es cómo pasó,
porque yo, que nunca supe decirte no,
nunca supe decirme sí.
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