Entonces tú sonríes y el cielo se vuelve de ese color de los
atardeceres, así como un color infinito. Y el mundo es mucho más bonito, porque
se para y lo puedo mirar tranquilamente, como te miro a ti. Cuando perfilo tus
labios con mis ojos y pienso en besarlos milímetro a milímetro. Como cuando
rozo tus manos y me parece haber tocado el cielo. Como cuando escucho tu voz y
me quedo sorda ante todas las demás, porque la tuya es la que quiero escuchar
durante el resto de mis días. Porque a día de hoy, sigo sintiendo aquello que
un día te dije. Porque te quiero y creo
que no he hecho ni jamás hare algo tan real como esto. Porque te siento, ahí,
en lo profundo de mi pecho, en cada latido que da mi corazón, en cada pestañeo,
en cada sonrisa, te siento, ahí dentro de mí. Y lo peor de todo es que me
gusta, me gusta sentirte en mí, sentir tu risa tras de mí, sentir tu mano en la
mía, tu mirada en mis ojos. Me gusta porque sí, porque te quiero. Porque cuando
miro las estrellas y veo como brillan, pienso en ti y en tu sonrisa, capaces de
alumbrar el mundo entero. Y creo que eso no puede ser tan malo.
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