miércoles, 1 de octubre de 2014

Soltar el aire y volver a respirar.

A veces hay que dejarse llevar y ya está. Soltarlo todo, las palabras son como el aire que debes soltar. Pero muchas veces te dejas llevar, intentas entrar dentro de ti y descubres que no, que no puedes. Entras y sientes un enorme vacío, a veces ni sientes. Dejarse llevar no es sencillo, a veces las cosas son tan feas que es mejor guardárselas. No sé, últimamente todo está muy oscuro. En mi interior digo. Me estoy guardando muchas cosas y no creo que sea bueno. Me estoy asustando, porque me he acostumbrado a colocarme la sonrisa ante el espejo, a hacer como que todo va bien. Y tengo miedo. A veces me cuesta incluso respirar, me tiemplan las piernas y comienzo a andar torcida, tengo miedo de tropezar y volver a caer, hondo, muy hondo.
Pero realmente, ya he caído, no dejo de caer. Y ya me he pegado contra el suelo, no puedo permitir volver a romperme, entonces pienso en no pensar, en dejarme un poco, en olvidarme, en borrar las lágrimas. Pero lo único que hago es matarme más, guardar el dolor. Y algún día ese dolor estallará y me romperé, y tu seguirás sin estar. Las lágrimas se acumulan, no se borran. Hacerse la dura no va conmigo, quien me conoce bien sabe que nací en una caja en la que ponía bien grande FRÁGIL. Lo que pasa es que las sonrisas falsas me salen muy reales, y claro pues a veces parece que me tomo todo bien y que si me río es porque no duele. Y no culpo a nadie más que a mí. Estoy volviendo a protegerme de mí, como hace tres años, y no quiero que piensen que soy dura, no quiero que me teman. A veces me cuesta tanto ser yo, la gente se ha acostumbrado a ciertas cosas, y cuando entran en mí, a veces se asustan.

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