Camino a tu lado y apartas la cabeza. Te miro a los ojos y me
traspasas con tu mirada. He estado sentada día tras día esperando a que las
cosas volvieran a ser como eran. Pero todo sigue igual. Un día dijiste basta y
se acabó. Soy un fantasma que te persigue cada día intentado decirte que te
quiere. Ojalá pudiera mirarte a los ojos y decirte que te has equivocado, que
lo único que has hecho es hacerme más daño. Dijiste que no querías verme mal y
cambié, me olvidé de todos los problemas y decidí hacer lo que me pediste, por
ti, por mí. No quería que te sintieras culpable. Lo único que quería, lo único que
te pedía era que no te fueras. Pero hiciste oídos sordos.
Nadie en este planeta tiene idea de cómo es ser transparente para la persona que quieres. Cuando no hay nada. Cuando notas que se ha acabado. Que ha llegado el momento. Que no quiere saber nada de ti. No tener ganas de nada, sentirte sola, impotente, débil, insuficiente, insegura. Sentirte nadie para quien es todo para ti. Pero la gente es así. Te dice que no quiere hacerte daño, que quiere lo mejor para ti; pero a la primera de cambio se pira. Sin avisar.
Entonces me entran ganas de huir, irme lejos. A otra ciudad,
a otro país. Lejos no importa donde, lejos. Pero tendría que renunciar a todo y
a todos, olvidarte y olvidarme. Empezar de cero. Otra vida, otro mundo, otra
gente.
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