jueves, 29 de mayo de 2014

'Duele demasiado esperar y más si sabes que no va a volver nadie para buscarte.'

Dieron dos golpes a la puerta, abrí y estabas tú. Tenías la cabeza gacha, los ojos cristalinos y podía oír tu corazón a doscientos kilómetros de mí. Apoyaste una mano en el marco y te pregunte que hacías, tú respondiste que habías venido a verme. Te deje pasar, dejaste la chaqueta en el pomo de la puerta del comedor y te invite a ir a mi cuarto. Nos sentamos en la cama y hubo unos segundos de silencio, hasta que dijiste que esto te dolía tanto como a mí. Decidí no decir nada, era demasiado irreal. Pero continuaste diciéndome que las cosas habían cambiado y que necesitabas que volvieran a ser como antes, que por muy imposible y complicado que fuera me querías. Se me escapó una sonrisa y como de costumbre me mordí el labio inferior. Cogiste mi mano y te acercaste. Dijiste que me necesitabas. Agache la cabeza y me acariciaste el cuello, te miré y cerraste los ojos, te fuiste acercando poco a poco…

Y de repente sonó el despertador. Otro maldito sueño, otra maldita ilusión. Otra vez te esfumaste, cuando más cerca estabas más lejos te ibas. No tenía ganas de levantarme, di media vuelta y me cubrí con la colcha. Pensé en ti, como de costumbre. Tenía ganas de llorar, pero no podía evitar sonreír por esa pequeña ilusión. Suspiré, abrí los ojos y olvide ese sueño. Me esperaba otro día con nada nuevo, tú como de costumbre estarías muy lejos de mi.

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