Solo recuerdo que todo estaba blanco, que había una voz que
no dejaba de hablarme. Tenía miedo y curiosidad. Me sentía sola e inútil. Pero
esa voz no dejaba de hablarme.
- A veces las cosas no salen como lo planeamos. Se tuercen, se
rompen, se esfuman. Y nos van robando un trozo de nuestra vida, hasta dejarnos vacíos.
- ¿Quién eres? ¿Qué quieres?- Grité asustada.
- No me temas, nunca me has visto, nunca lo harás; pero siempre
me llevas contigo.
- Vete.
- No, no me voy a ir. Quieres que me vaya porque quieres salir
corriendo de todo lo que te duele y no puedes hacerlo.
- ¿Qué quieres de mí?
- Nada.
- ¿Entonces?
- No te escondas. No seas ignorante. Tienes que
ir de frente, romper todo lo que te duele, destrozarlo, eliminarlo. Pero no
huyas de ello, no le des la victoria al miedo. Tú sabes muy bien de lo que te
hablo, por eso me temes. Pero tienes que abrir los ojos y mirarme, entonces
entenderás porque sé lo que tienes dentro de tu cabeza.
De repente ese blanco se convirtió
en un espejo, era mi reflejo. Era yo. Entonces desperté. No sé si fue de verdad
un sueño o si me lo estaba diciendo a mí misma de verdad. Solo sé que desde
entonces entiendo por qué no debo marcharme. Aunque a veces lo vea necesario,
no acabaría con nada y los monstruos de debajo de la sonrisa me perseguirían durante
el resto de mi vida.
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