domingo, 8 de febrero de 2015

Well the bigger you get the harder you fall.

Cada vez que respiras, puedo sentirlo. Cada movimiento que haces, cada paso que das, cada sonrisa, cada palabra, todo lo que haces, todo lo siento. Abres la puerta y siento como si estuviera saliendo el sol y cuando apareces es como si fuera el amanecer más bonito del mundo. Fijas tus pupilas en las mías cuando te pregunto cualquier estupidez y tus ojos se vuelven del color más bonito del mundo y permaneces con ese brillo que me crea adicción. Cuando te vas y caminas lento, dándome la espalda, agachando la cabeza. Siento como si se hubiera hecho de noche, una de esas noches oscuras, solitarias, sin estrellas en el cielo.

Una de esas noches que tengo últimamente, desde que me he dado cuenta de que todas aquellas veces que pensé que había llegado al límite, no sabía ni siquiera lo que era el límite. Porque no tenemos límite. Pensamos que no podemos, pero solo es una excusa. La vida no tarda en ponerte a prueba de nuevo. Aguantamos todo lo que nos echen, pero nos rompemos. Y últimamente las noches me rompen, porque no dejo de pensar en que no vas a estar aquí, conmigo. Siento que me acabé. Que tú ya has puesto un punto y final, adonde yo ni siquiera he puesto una coma.


Creí haber tocado el cielo, cuando me cogiste de la mano; pero con que más alto llegas, más fuerte caes.

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