Cada vez que respiras, puedo sentirlo. Cada movimiento que
haces, cada paso que das, cada sonrisa, cada palabra, todo lo que haces, todo
lo siento. Abres la puerta y siento como si estuviera saliendo el sol y cuando
apareces es como si fuera el amanecer más bonito del mundo. Fijas tus pupilas
en las mías cuando te pregunto cualquier estupidez y tus ojos se vuelven del
color más bonito del mundo y permaneces con ese brillo que me crea adicción.
Cuando te vas y caminas lento, dándome la espalda, agachando la cabeza. Siento
como si se hubiera hecho de noche, una de esas noches oscuras, solitarias, sin
estrellas en el cielo.
Una de esas noches que tengo últimamente, desde que me he
dado cuenta de que todas aquellas veces que pensé que había llegado al límite,
no sabía ni siquiera lo que era el límite. Porque no tenemos límite. Pensamos que
no podemos, pero solo es una excusa. La vida no tarda en ponerte a prueba de
nuevo. Aguantamos todo lo que nos echen, pero nos rompemos. Y últimamente las
noches me rompen, porque no dejo de pensar en que no vas a estar aquí, conmigo.
Siento que me acabé. Que tú ya has puesto un punto y final, adonde yo ni
siquiera he puesto una coma.
Creí haber tocado el cielo, cuando me cogiste de la mano;
pero con que más alto llegas, más fuerte caes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario