Por mucho que hable de ti que sabrán ellos de lo grande que
eres y lo pequeño que aparentas ser. Ni si quiera tú eres consciente. Yo no lo
fui hasta hace poco, cuando me di cuenta que sin ti no era nadie, nada. Cuando
un día quise armarme de valor y plantarle cara al mundo y éste se rió de mí, diciéndome
que tú y yo estábamos destinados a no ser. Entonces caí en la cuenta de que si
me quitaban los momentos que hemos vivido, no me quedaba prácticamente ningún
momento feliz. Porque mi felicidad está contigo.
Dicen que se deja de querer sin saber por qué, al igual que
se comienza a querer. Un día empiezas a sentir que la vida se vuelve más bonita
cuando estás con él, se te empieza a encoger el pecho cuando escuchas su voz y
todas esas reacciones que tiene tu cuerpo cuando aparece esa persona; pero eso son simples tonterías.
Lo bonito de esto, también lo jodido, es que esa persona te da vida. Y la vida
lo abarca todo. Si esa persona se va, se lleva tu vida y te quedas solo. Solo,
no literalmente, pero si sentimentalmente. La soledad, que no se trata de no
tener a nadie a tu lado, sino de sentir que estas solo, te acompaña en un largo
viaje al que llaman olvido. Y trae malos vicios: noches de desvelo y lágrimas
de alcohol, que solo hacen que las heridas escuezan.
Cuando pasé el tiempo, ojalá puedas acordarte de mí; porque
como dijo Augustus Waters: “Tengo miedo al olvido”. Seamos sinceros yo no he
calado en ti, de ninguna forma. Pasará el tiempo y dejaremos de vernos,
entonces llegará el día de tu cumpleaños y aparecerás en mi mente, mientras tú
ni recuerdes que me hiciste feliz con nada. Y eso mata. Saber que yo no puedo
pedirte nada, porque no soy ni la mitad de lo que me gustaría ser para ti. Y la
gente no lo comprende, tampoco yo, quererte como te quiero es imposible y más
ahora, que la palabra amor se queda muy grande para mucha gente. Solo sé que no
puedo dejar de hacerlo. También sé que lo siento por todo, que lo único que
quiero es hacerte feliz y lo único que hago es empeorar las cosas. Que no puedo
quererte, ni decirte que te quiero, ni demostrártelo. Que dejo de ser yo; porque si fuera yo te comería a besos cada mañana, te abrazaría cada minuto, te
cogería de la mano para bajar las escaleras y te susurraría lo mucho que te quiero cada vez que entraras por la puerta.
Pero es que, no hago otra cosa que
esperar, esperar a que esto se acabe, esperar a que deje de sentir por ti,
esperar a que llegue otra persona, esperar a que las cosas cambien, esperar a “ver
más mundo”.
¿Sabéis que os digo? A tomar viento todo esto, vosotros no entendéis
lo que es tenerle a centímetros obligándote a que le mires a los ojos, no sabéis
lo que es que te abrace y te diga: “Prométeme que vas a estar bien, prométemelo”.
No tenéis ni idea de lo que es tenerle en la vida, así que ahorraros todas las
palabras del mundo, porque nunca entenderéis como puedo quererle tan fuerte.
Porque ni siquiera el lo entiende, porque ni siquiera yo lo puedo ni decir, ni
sentir, ni demostrar.
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