Lo cierto es que desde que nos dijimos el primer hola, sabíamos
que teníamos fecha de caducidad. Y esta fecha se está acercando. Y lo odio.
Porque sé que tendré que decirte adiós y que tú me dirás que seguro que
volveremos a vernos. Pero y a mi qué. A mí lo que me importa es que no vas a
volver a ser mi rutina en mi vida. Que como mucho te veré una tarde al mes,
cinco minutos para contarnos como nos va.
Pero por aquel entonces yo ya tendría que haberte
olvidado. Tendría que verte solo como lo
que realmente eres. Tendría que dejar de soñarte. Tendría que dejar de sentir. Aunque lo cierto es que, ya tendría que no sentir nada ahora mismo.
Ojala pudieras prometerme que todo seguirá igual. Pero ambos
sabemos que no.
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