Recuerdo aquel día en el que se nos fue de las manos. Se juntaron sentimientos y miedos. Se juntaron luna y Tierra, vaya explosión de energía se produjo en aquella habitación. En la esquina de aquella cama de matrimonio con sabanas del color de las estrellas, me encontraba yo. En la ventana estaban las vistas más bonitas: tú, con el cigarro en tu mano derecha. Y aquella conversación que acabó con todo lo real.
- ¿No estás cansado de todo esto?
- ¿Qué quieres decir con “todo esto”?
- De mí, de que siempre acabemos hablando de lo mismo, sin llegar a ninguna parte.
- ¿De verdad crees que no llegamos a ninguna parte? Cada vez llegas más lejos, cada día has cambiado algo nuevo de tu corazón y eso es llegar muy, muy lejos.
- Eso es cierto. Pero, ¿sabes qué?
- ¿Qué?
- He llegado al final. Lo que hoy siento mirándote a los ojos, es lo que voy a sentir siempre. Estoy segura. Yo siempre tendré un hueco para ti.
- Va, dejalo ya. Decir eso solo hace que no puedas dejar de sentirme.
- Es que no lo entiendes, nunca lo has hecho. Ven acercate.
Te sentaste a mi lado y te susurré en el oído: “Dejame explicártelo”. Y te lo expliqué. Invente un camino que acabo en tus labios. Los cuales fueron el inicio de la Triste historia de tu cuerpo sobre el mío. Triste porque fue efímero. Pero jamás pensé que pudieras crear tanta magia, no supe mirarte de otra forma que queriéndote. Rozaste cada centímetro de mi piel como si estuviera hecha de cristal, porque en verdad, tú sabes mejor que nadie que estoy hecha de cristal. Y así acabamos con todas esas palabras que se llevo el tiempo o ese truco de magia que tuvo lugar en aquella habitación: “No”, “nunca”, “imposible”. Así que nuestras vida se unieron por un instante y nuestras almas para siempre. Porque cuando el truco acabó no te fuiste, te quedaste conmigo, mirándome fijamente y besando mi frente. Y porque con pocas palabras dijimos todo:
- Se nos ha ido de las manos.
- ¿El qué?
- La vida.
- Estoy seguro de que tengo la vida en mis manos ahora mismo.
Y me abrazaste. Como si la vida te fuese en ello. Que puede que fuera así. O puede que no. Contigo nunca fue nada real, pero tampoco fue nada mentira.
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