Hoy alguien llevaba tu olor, pero he sabido a la perfección
que no eras tú y me he enfadado. No porque no fueras tú, sino porque había alguien
que llevaba tu olor y quería parecerse lo más mínimo a ti. Y eso es imposible.
Aunque bueno, tampoco me he enfadado por eso. Me he enfadado conmigo porque ese
maldito olor ha sido otra excusa para pensar en ti. Bueno, para no dejar de
pensar en ti. Porque supongo que lo de olvidarte no lo llevo muy bien si no
dejo de pensarte, aun así qué más da. Lo que realmente quiero es poder vivir sin ese
dolor en el pecho y eso no lo llevo mal. Tampoco lo llevo bien. Es complicado.
Lo de borrar tu sonrisa de mi mente, digo. No es sencillo cuando mi cabeza está
llena de ”y sis”. Pero claro… ¿y si nada? Ya sé que no debería de ser así. Yo
siempre he tenido claro que tú no, al menos siempre he intentado tenerlo claro.
Aunque también es cierto que siempre ha habido una parte de mí, que veía en ti,
lo que se supone que no existe. Y es muy raro, porque eso pocas veces me pasa y
cuando me pasa es porque es así. En cambio, contigo sé que no. Seguramente me esté
volviendo loca, puede que viera en ti lo que quería ver y no lo que de verdad había.
Seguramente eso es lo que todo el mundo pensará y, con todo el mundo, me
refiero a ti. Supongo que lo que pasa es que “veo fantasmas”, porque tú siempre
has sido muy transparente. Quizás has sido demasiado transparente. Y quizás
suene enfadada. Pero no lo estoy. Puedes estar tranquilo. Sé que no y sé que
nunca. Esta es la primera vez que al decirlo, no se me ha puesto un nudo en la
garganta. Y debes estar feliz por ello, aunque yo en mi interior piense que no
lo estás. Porque ya ves, me estoy volviendo loca.
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