A la gente que dice que cuando alguien no te quiere has de olvidarle, eso de que tienes que hacer cualquier cosa por dejar de pensarle. A esa gente le hablaría de ti. De tu forma de decir las cosas, de tu ceño fruncido, de tu sonrisa y de tus lágrimas. Les diría que cuando lloras las lágrimas se escapan de los muros que intentas construir mordiente los labios. Que cuando ríes tu cuerpo se tuerce hacia atrás. Les podría decir todo lo que hemos vivido, porque esta en mi mente como si lo estuviera viviendo en este instante. Por eso no puedo olvidarlo.
Si esa gente supiera los milagros que hacen tus abrazos, se tragaría sus palabras y entendería que a veces -por no decir siempre- el olvido se complica. Que se hace imposible. Que el olvido es una mentira. Que es un escudo que se construye, para que cuando veas a esa persona se derrumbe. Para que te des cuenta que las cosas del corazón dejan cicatrices, por eso no se borran nunca.
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