sábado, 22 de febrero de 2014

Por el dolor, al que no guardo rencor.

-Estás perdida.
-¿Qué?
-Que eres un caso perdido, no tienes remedio ya.
-¿Por qué?
-Ese brillo en tus ojos, esa sonrisa que tiene miedo de salir, ese tic nervioso en la pierna, las uñas mordidas, las ojeras, siempre acariciándote los labios. Estas enamorada, hasta las trancas. Deseando que, ojalá, girara por esa esquina y viniera a decirte que le da igual todo lo demás, que lo único que quiere es estar contigo, que te abrace y te arregle. Deseando que llegue y haga que retires los dedos de tus labios, que él ya se ocupa de que estén bien cubiertos y de que no pasen frio. El brillo de tus ojos, que a veces son lágrimas y otras veces es ilusión. Los nervios de no saber si eso que deseas puede pasar o no… Enamorada hasta de la manera de girar su anillo…
-Bueno, al menos, estoy tranquila de no ser el único caso perdido, ¿no?
-…

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