Mírame. Vamos, hazlo. Sin miedo, que a mí no se me da tan
bien enamorar con miradas. No apartes la mirada y acércate un poquito. Hasta
notar mi respiración. Y ahora, cierra los ojos. Ciérralos, confía. No voy a
hacer nada. Voy a observarte para saber cómo duermes, voy a escuchar tu respiración
hasta aprendérmela de memoria. Para así, poder pensarte en las noches de
desvelo, sí, en esas noches en las que a veces se llora y otras se ríe. Esas
noches inútiles en las que por más que quiera y por más que lo piense no estas.
Esas noche en las que cierro los ojos fuertes y recuerdo todos los abrazos que
me diste para sentirlos. Esas noches en las que al final acabas durmiéndote teniendo
una idea equivocada de los besos de futuro. Sí, una idea equivocada, porque no
hay ideas de besos imaginarios. Y creo que ese es el gran problema, que pienso
mucho en ti con el corazón y no con la cabeza. Pero perdóname por no saber
pensarte con cabeza, mi única forma de pensarte es con el corazón, ese que a
veces parece que solo late por ti, ese que a veces parece pararse para detener
el tiempo cuando me miras. Perdóname cariño, pero es que estas precioso con los
ojos cerrados aguantándote la risa. Perdóname por estallar a reír y perdóname si
no entiendes nada. Tú solo abrázame, olvidemos el caos de ahí fuera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario