sábado, 15 de octubre de 2016

Entre tus manos, mi vida.

Una vez juré no volver a creer en imposibles, pero cada vez que hundo mi mirada en tus ojos, todo, absolutamente todo, se vuelve posible y real. Es lógico, eres tú y no hay nada más real. Me digo que no te quiero, porque no puedo hacerlo ni quiero, pero cuando te paras frente a mi y nuestras miradas permanecen atentas entre ellas y no hay nada alrededor, porque para nosotros no existe nada más; cuando eso ocurre, cualquiera querría quedarse en ese instante porque no hace falta nada más que estar contigo para sobrevivir en este mundo.

Siempre había pensado que para que alguien fuera feliz necesitaba muchas cosas y por ello la felicidad era un utopía. Luego de haber compartido contiho un trozo de vida, he descubierto que para ser feliz no hace falta mucho. Solo haces falta tú, aunque quizás, pensándolo bien, si que es mucho. Mucho para mí.

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