Cuando tienes ganas de soltarlo todo y no puedes. Cuando por
no llorar y demostrar que realmente eres sensible, te empiezas a comportar como
una tonta contestando mal a todo y haciéndote la dura cuando realmente te estás
muriendo por dentro. Eso es una de las peores cosas que te pueden pasar, no
saber cómo expresarte y sentir que hagas lo que hagas lo harás mal. Y al final
lo único que haces es llorar. Llorar hasta que sientes que tus pestañas pesan,
hasta que sientes calor y frió a la vez, hasta que te entran unas ganas de
gritar tremendas. Y así cada noche, sola con tu almohada. En una de esas noches
en las que no sabes si hace frió o calor, en las que no sabes si la luna está
llena o es creciente. Una noche de esas vacías, que parece que todo va en
contra tuya. En las que a las diez de la noches te vas a la cama y hasta la una
no te duermes. Y lo pero, en las que posiblemente también tengas pesadillas. Una
noche simplemente triste. En la que cuando por fin coges tu mejor sueño te
suena el despertador, y te toca hacer como cada mañana. Lavarte la cara,
despertar, sonreír e ir al colegio como si nada hubiera pasado. Pero llega un día
en el que tantas cosas acumuladas te hacen explotar. Pero cuando digo explotar no
me refiero a coger a una persona y decirle todo lo malo que pienso de ella. Me
refiero a llorar, a no querer ver, no querer sentir, ni oír, no querer nada. Uno
de esos días en los que ni ver que la personas se preocupan por ti te importa.
Porque es uno de esos días en los que prácticamente no vives. Es un día como yo
lo llamo, muerto. Porque sientes que no tienes vida, sientes que no pasa
nada cuando en realidad pasa todo. Y todo esto tiene una explicación fácil y
sencilla. Problemas sin arreglo o con arreglo pero difícil. Problemas que no te
dejan seguir. Problemas que solo te crean silencio. Silencio en tu corazón, como
si cada latido no se notara.
Como si no existieras…
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